Erick Olivera habla sobre la modernidad y el mercado laboral
Dentro de las medidas del actual Gobierno para modernizar el mercado laboral encontramos la simplificación de los contratos. Tales medidas se están negociando, junto a otras, con los agentes sociales. Para valorar los principales aspectos de esa anunciada simplificación el desarrollo del citado componente pretende una reforma de los modelos de contrato, promoviendo la contratación estable, reduciendo la temporalidad y la precariedad y desarrollando un verdadero contrato de formación que garantice la inversión en capital humano. ¿No suena esto a más de lo mismo? Este ha sido el objetivo desde hace decenios nunca conseguido.
El plan viene a incidir en que la reducción de la dualidad, contratación indefinida vs. temporal, supone el elemento fundamental para alinear el mercado laboral español con los más avanzados de nuestro entorno reduciendo precariedad y brechas sociales. Perfecto.
Entonces, ¿cuál es la propuesta a este respecto? El establecimiento exclusivo de tres modalidades: un contrato estable, que sería el general para el conjunto de actividades; un contrato temporal, solo para actividades de esa naturaleza (no se define más), y un contrato de formación, para la incorporación por vez primera al mercado laboral.
Entre los razonamientos incluidos en el plan, el Gobierno reconoce el abuso de la temporalidad, lo que mitigaría a través de mecanismos de flexibilidad interna para las empresas sin necesidad de despedir a trabajadores. Se ha filtrado, en este sentido, la posibilidad de dedicar los periodos sin actividad a la formación, entre otras medidas.
Advierto dificultades para obtener consensos a este respecto si ese cambio que potencie definitivamente la figura del contrato indefinido se pretende sin modificar los costes indemnizatorios que asumen las empresas.
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